Corazonadas de Benito Taibo

Hoy quedará marcado en mi historia lectora como el día en que leí Corazonadas de Benito Taibo y caí profundamente atrapada en la historia. Lo terminé en menos de 24 horas, 10 para ser exacta y lo único que logró apartarme del libro fue la necesidad de dormir, porque mis párpados estaban pesados llenos de la arena de los sueños que cae por las noches.  Uno de los pensamientos que tuve mientras leía fue que de verdad deseaba que si en algún momento llegaban hijos a mi vida pudiera trasmitirles algo de la sabiduría que Paco logra dejarle a Sebastian; es un personaje ficticio pero las lecciones que nos deja son mejores que cualquiera que podamos leer en cualquier texto sobre “Cómo ser el mejor padre del mundo” o “Te enseñamos a no traumar a tus hijos” que encontremos en las librerías locales. Aprendemos sobre amor, respeto, límites y formas poco convencionales de aplicar disciplina y entender lecciones de vida; nos inundamos en lagrimas para luego flotar hacia la superficie en carcajadas abiertas.

Marqué frases no sólo en el papel del libro sino en mi corazón, ahí están grabadas muchas de ellas, no sólo por la belleza de su simplicidad casi poética, sino por su verdad, porque lograron llenar mi alma de sensaciones y mi mente de reacciones placenteras, de esas que sólo la buena literatura nos regala para que nunca queramos desprendernos de ellas.  Quedo en un ligero duelo al terminar el libro porque quiero más, pero al mismo tiempo estoy satisfecha, pues las últimas palabras con las que Taibo nos deja son suficientes para meditar por largo tiempo.

Gracias, Señor Benito, por tanto, por estas historias que nacieron y hoy podemos disfrutar nosotros los lectores por derecho. Hoy abrazo este libro con esperanza de que un día llegue al corazón de más para llenarlos, así como lo logró con el mío.

El niño interior que Disney no dejó morir

Ya salió el soundtrack oficial de La Bella y la Bestia 2017 (https://open.spotify.com/album/3yHqth7pPn4juBh8gxbyjb) y tengo los sentimientos a flor de piel:

Esta película fue una de las preferidas de mi infancia por muchas razones, una de ellas era mi amor por los libros que veía reflejado en la protagonista, a la que le decían “la chica rara del pueblo” por no ser como los demás.  La vi tanto que no sé si el VHS sobrevivió a ello. Mi mamá se sabe las canciones y solía cantarlas mientras limpiaba o cocinaba, se quedaban pegadas en su cerebro después de escucharlas 3 veces al día o más, dependiendo del humor con el que nos levantábamos o qué tanta tarea teníamos; crecimos con esta película y la amamos de una manera poderosa.

Hoy, una semana antes del estreno que tiene a todos nerviosos (porque es un clásico y siempre hay temor de lo arruinen o no sea lo que esperábamos) diré que la música a pesar de ser diferente me transportó a esa época en la que me sentaba en el suelo, frente a la tele del cuarto de mis padres, a verla una y otra vez, me llevó a esos momentos en los que cantábamos alegres junto con Bella, Gastón y los habitantes del castillo encantado. Se llenó mi yo del pasado pero de igual manera mi yo del presente se sintió ansiosa por no sólo escucharlo sino verlo en la pantalla. Espero ver magia, esa que sólo podemos ver a través de las películas que marcaron nuestra infancia, ese calor que nos da recordar los buenos tiempos en los que soñábamos con conocer a esos personajes o ser parte de sus historias.

Puedo decir que el cast no me desilusionó y que el soundtrack casi se ha robado mi corazón por completo, sólo queda esperar que el producto final sea lo que anhelamos ver, sentir, cantar y recordar por 26 años más.

Momentos

Hay momentos  que nos marcan de manera tan profunda que cuando volvemos a ellos nos damos cuenta que recordamos cada detalle de ese acontecimiento; algunos quizá en la niñez, otros en la adolescencia o juventud pero creo firmemente que la mayoría de esas memorias tan importantes son creadas en la adultez temprana, cuando estamos en nuestros 20’s. En ese lapso de tiempo tomamos las decisiones más  monumentales, algunas que tienen que ver con lo que haremos para vivir, otras sobre a quién dejaremos entrar a nuestra vida, de quién te alejarás y con quien quieres estar para siempre. Llegamos a un punto en nuestra vida en el que sabemos más de otros que de nosotros mismos y cuando estás en tus 20’s es el momento que la mayoría se busca para quizá nunca encontrarse, al final siempre deseamos haber acertado, haber tomado la decisión correcta, pero la mayor parte del tiempo no estamos seguros de eso.

Buscamos a la persona adecuada en el momento incorrecto con los ojos cerrados y el corazón demasiado abierto; nos perdemos en ilusiones, nos alimentamos de ideas y dormimos para despertar en errores. A veces aprendemos algo de esos tantos, pero muchas otras más sólo pasamos y los saludamos para olvidarlos hasta que volvemos a caer en ellos, hasta que deja de doler y cambiamos de capricho o quizá hasta con ese nos quedamos. Pasamos demasiado tiempo entre lo que de verdad queremos y lo que todos dicen que debemos, perdemos valiosos minutos haciendo malabares con nuestros pensamientos,  consejos, ideas y nuestros sentimientos, entendemos tarde que los años pasan rápido y jamás se recuperan, que la felicidad no es algo que llega de la nada, sino que es compleja y para tenerla tienes que correr tras ella sin miedo sabiendo que si disfrutas el recorrido todo será más sencillo.

Al final sabrás que todo eso siempre se vuelve un recuerdo grato, una historia digna de contar a quién se quedó, y un buen motivo para sonreír cuando todo se terminó.